jueves, enero 26, 2006

La relación Juego y Escuela: aportes teóricos para su comprensión y promoción

Lic. Gabriela Valiño
Licenciada en Psicopedagogía


Gran parte de los trabajos sobre esta temática, se han centrado en la aceptación o el rechazo de la inclusión del juego, como facilitador de aprendizaje. Por mi parte, considero que la relación juego – escuela es más amplia, y hacia ese punto se dirige este escrito.

Muchas y variadas son las investigaciones sobre el tema juego, pero contamos con pocos trabajos que reconozcan su especificidad en el ámbito de las escuelas, tanto en las aulas como fuera de ellas. Focalizar al ámbito de la educación sistemática, los aportes provenientes de diversos estudios, es condición necesaria para el diseño y puesta en marcha de metodologías y programas. La relación juego – escuela es compleja ya que incluye variables de diverso orden: pedagógicas, institucionales, culturales, sociales. Este trabajo considerará sólo una dimensión: la del juego, eje o centro desde el cual se propone un abordaje posible.

Tomaré dos puntos que considero obstáculos en el abordaje de la relación juego – escuela: la definición de juego y la fundamentación del juego como instrumento didáctico, desde teorías acerca del desarrollo de la inteligencia.


1. La definición de juego
La supuesta esencia del juego

Tomaré conceptos desarrollados por autores que investigan el tema juego, desde perspectivas alejadas del ámbito escolar (Trigo Aza; Scheines) por estar, frecuentemente implícitos a la hora de discutir el papel del juego en la escuela. Esta traspolación implica un desencuentro entre los conceptos y el ámbito de aplicación, perturbando la comprensión y el desarrollo de propuestas viables.

Scheines (1998) sostiene que el juego es una actividad mágica como un ritual, que oculta y revela identidades. Discrimina la vida real de la ficción del juego, en la cual el jugador “adquiere una conciencia distinta de sí mismo” (pág. 14). El juego, para esta autora, es una actividad simbólica y reglada: simbólica porque se impone como otra realidad diferente a la real - que convoca modos de hacer y sentir propios -, y reglada, porque una vez que los jugadores han aceptado participar en un juego, su libertad “debe amoldarse a la legalidad libremente aceptada”(pág. 29). En síntesis, podríamos afirmar, que Scheines define al juego como una actividad espontánea, libre de aceptar o rechazar, que permite descubrir aspectos desconocidos de la propia subjetividad, sostenida en la ficción, y separada del orden de lo útil.

La inclusión del juego en el ámbito educativo, la entiende como una redimensión pragmática del mismo. De esta manera, el juego abandonaría su condición de pasatiempo convirtiéndose en un instrumento eficaz. Afirma que “Este intento de encajar el juego dentro del sistema de utilidades y beneficios de la “vida real” escamotea su auténtico sentido: su esencia ontológica y existencial. (pág.14)”.

Esta trama conceptual acerca del juego no es apropiada para el ámbito educativo. Para aclarar este punto me centraré sólo en dos aspectos: el orden de lo útil y la normativa institucional.

La escuela, como toda institución, está regida por normas, que ordenan las acciones de los que participan en ella, es decir la libertad individual está enmarcada en lo institucional. En la escuela la tarea es sostenida en la realidad y está organizada hacia el aprendizaje y la producción dentro del orden de lo útil (establecido por cada cultura), en donde lo espontáneo se enmarca en las normas y objetivos institucionales. Estas características de la escuela la convierten, para Scheines, en un espacio no propicio para el juego.

Otra especialista en juego, Trigo Aza (2000) afirma que “Nacemos creativos, nacemos juguetones y la vida, las circunstancias, las “normas” nos van imponiendo poco a poco una forma de actuar “normal”, que bloquea ese espíritu lúdico base del desarrollo humano” (pág. 8). Esta autora sostiene, que el paso del niño, desde el juego exploratorio a los juegos reglados, es indicador de un proceso de limitación de la capacidad lúdica, que en la edad adulta implicaría un bloqueo en la sensibilidad. Le otorga al juego un origen innato, y contrapone esta actividad a lo requerido por lo social. En este último punto existe afinidad con la postura de Scheines, al reconocer en el juego una actividad de orden natural, que hay que preservar de las influencias de la sociedad, que aparece como polo opuesto.

Para Trigo Aza, jugar por fuera de lo requerido por la sociedad es indicador de libertad; y afirma que la función de aquellos dedicados a estudiar e intervenir a través del juego debiera ser “Ayudar a la gente a re-descubrir la risa, el placer, la alegría... (pág. 8)”. Si esta debiera ser nuestra tarea, sería a partir de que la sociedad quita o altera la capacidad de un sujeto a experimentar estas sensaciones y afectos. Esta manera de pensar a la sociedad, implica también a la escuela, que terminaría siendo un instrumento para el progresivo bloqueo del “disfrute natural” (pág. 8).”

La caracterización del juego como actividad libre, separada de lo útil, ligada al placer, la alegría (Scheines, Trigo – Aza), en contraposición a lo establecido por la sociedad - que se asocia a cercenamiento de capacidades individuales, falta de creatividad, aburrimiento - está presente en escritos sobre el juego y su relación con la escuela.

Un docente e investigador del tema juego, Daniel Carbajal (2000), al analizar la relación juego - escuela, se sostiene en este marco. Él afirma que tanto los maestros como los alumnos sufren de aburrimiento y de exceso de contenidos, y propone incluir el juego en la escuela como un modo de incluir placer, abriendo un espacio de discusión en términos de vínculo con el aprendizaje, de deseo, de aprender a aprender. Cuando utiliza el término juego, se refiere al juego como actividad espontánea, señalando que prefiere no hablar de juego libre, ya que al juego libre se le opone el juego esclavo, categoría en la cual ubica al juego como recurso. En este punto es muy claro: “Si vamos a jugar para otra cosa, entonces hagamos otra cosa” (pág. 4).

Parra (1986) investiga la relación juego – escuela, y señala que incluir al juego como instrumento didáctico es asignarle fines extrínsecos y objetivos de control. Esta afirmación lleva implícita una concepción de juego como la de Scheines o Trigo – Aza. Desde esta línea se entiende que el juego es libertad, espontaneidad y creatividad. Es fundamental aclarar que este modo de comprender y definir el juego es sólo uno entre otros, y que es necesario reflexionar acerca de la pertinencia de esta definición en el ámbito de la escuela.

Rainer Buland (1996), se ha preocupado por ofrecer un fundamento teórico – científico, a la investigación sobre juego. La primera dificultad que este autor encuentra, refiere a la imposibilidad de la definición, por ser el juego un término que agrupa hechos de multiplicidad fenomenal. Este aporte es ordenador al discriminar término y concepto, es decir juego es un término que se utiliza para referirse a diversos fenómenos que implican conceptos diferentes. Para establecer concepto debemos ubicar al término juego en un marco teórico, superando las definiciones en función de lo fenoménico.

Sostener que el juego tiene una esencia, implica que ciertas características corresponden a todos los elementos que componen el término. Wittgenstein afirma que “(...) Estamos acostumbrados a pensar que debe existir algo que le sea común a todos los juegos, y que esta característica común justifique la aplicación de la denominación juego a los distintos juegos, cuando en realidad los juegos forman una familia, cuyos miembros tienen un parecido familiar. (Buland, pág. 76)”. A partir de aquí podríamos agrupar los juegos a partir de sus semejanzas, formando diversas familias (juegos al aire libre, juegos deportivos, juegos de azar).

Considero que el concepto juego, es determinado en primer lugar por el ámbito de trabajo o aplicación. Es decir, cuando un profesional se propone diseñar una intervención a través del juego, el ámbito de aplicación convoca un grupo de definiciones y descarta otro. Si se trata de fundamentar al juego como instrumento didáctico, se dejará de lado lo referido al juego en el ámbito de la clínica. Del mismo modo, el concepto juego que guiará y sostendrá el espacio terapéutico, no incluirá los saberes acerca de la enseñanza de contenidos curriculares, a través del mismo. En cada caso particular, esta especificidad de la caracterización del término, implicará un modo diferenciado de diseñar y coordinar la experiencia.

El campo de trabajo nos impone elegir una definición de juego específica para el mismo, que cada profesional desde su posición teórica determinará, ya que dentro de cada ámbito, educativo o terapéutico, encontramos alternativas teóricas sobre el tema. A partir de este punto la tarea podrá ser diseñada, quedando establecido por el ámbito y la definición de juego, el modo de ejercer el rol profesional.


2. El tomar las investigaciones que reconocen al juego como motor de desarrollo y aprendizaje, como fundamento del juego como instrumento didáctico.


Dos son las teorías acerca del desarrollo del pensamiento que le han dedicado especial importancia al juego. Tanto Piaget como Vigotsky reconocen que el juego es una actividad que permite un cambio cualitativo, ya que ocupa un lugar central en el pasaje de la acción al pensamiento.

Piaget (1990) establece la clasificación de los juegos a partir de su estructura. Diferencia tres estructuras: el ejercicio, el símbolo y la regla. La característica de los juegos de ejercicio “(...) es la de ejercer las conductas por simple placer funcional o placer de tomar conciencia de sus nuevos poderes. (pág.163)”. En el juego simbólico, “(...) el símbolo implica la representación de un objeto ausente (pág.155)”. Esta representación se sostiene, por un lado a través de la evocación por puro placer, de esquemas conocidos, y por otro, por la aplicación de estos esquemas a objetos que no le sirven desde la simple adaptación. Es decir, el símbolo se basa en un simple parecido entre el objeto ausente – evocado -el significado-, con el objeto presente –el significante-.

Estas dos condiciones: la evocación por placer y la aplicación de esquemas conocidos a objetos inadecuados, permiten, para Piaget, el comienzo de la ficción. Los juegos de reglas son considerados como“(...) la actividad lúdica del ser socializado. (pág.194)”. Son juegos de combinaciones sensorio - motoras (carreras, lanzamientos, puntería), o intelectuales (damas, cartas, de recorrido) con competencia entre los participantes y regulados por un código transmitido por la cultura o producto de un acuerdo en el mismo grupo. En el caso del juego simbólico, por ser una de las cinco conductas de la función semiótica, interviene en el pasaje de la inteligencia sensorio – motora, sostenida en la acción motora, al pensamiento propiamente dicho, sostenido en la representación.

Vigotski (1988) considera que el juego surge como respuesta frente a la tensión que provocan situaciones irrealizables: el juego es el mundo imaginario al que el niño entra para resolver esta tensión. La imaginación constituye otra función del conocimiento, que libera al niño de las determinaciones situacionales. “En el juego, las cosas pierden su fuerza determinate. El niño ve una cosa pero actúa prescindiendo de lo que ve” (pág.148). La situación imaginaria del juego enseña al niño a sostener su conducta en el significado.

Esta actividad proporciona un estadío transicional que dirige la evolución desde la acción regida por la percepción a la acción regida por el significado. Este autor considera al juego un factor básico del desarrollo tanto desde lo intelectual como desde lo social. Sobre este último punto afirma “ (...) que en el juego el pequeño adopta la línea de menor resistencia –hace lo que más le apetece, porque el juego está relacionado con el placer- y, al mismo tiempo aprende a seguir la línea de mayor resistencia sometiéndose a ciertas reglas y renunciando a lo que desea... (pág. 151). Considerándolo desde lo intelectual, afirma que el juego crea una zona de desarrollo próximo: mientras el niño juega está por encima de su rendimiento habitual, resultando esta actividad un marco facilitador para cambios evolutivos.

En estos dos recorridos teóricos, se está hablando de una actividad realizada:
1. Por decisión del niño
2. Regida por su propia organización intelectual
3. Relacionada con aspectos emocionales y sociales


Estas características no son asimilables al ámbito de la enseñanza, en el cual las actividades surgen, a partir de la decisión del maestro , están organizadas y diseñadas por él, y en las que los aspectos emocionales deben quedar subordinados a la tarea escolar.

Para proponer al juego como instrumento didáctico, es necesario caracterizarlo dentro del proceso de enseñanza – aprendizaje, en el marco de la educación sistemática, tomando las teorías acerca de la inteligencia como parte de la fundamentación.

Frecuentemente, se afirma que jugando los chicos aprenden, pero ésto no es lo mismo que decir que el juego es un instrumento de enseñanza. Considero que son dos temas diferentes, y que cada uno requiere estudios por separado para luego complementarse.


Una propuesta de abordaje

Pensar que el juego puede ser instrumento didáctico, nos lleva a diseñarlo con tal fin (Kamii, 1985). Este tipo de juego no perturba ni perjudica la capacidad de juego de un niño y tampoco empobrece el juego espontáneo, ya que no lo incluye. Por otro lado, considero que en la escuela, el juego como recurso didáctico y el juego como actividad espontánea son absolutamente compatibles, existiendo tiempos y espacios diferentes para cada uno de ellos.

La capacidad de juego se constituye a partir del vínculo madre - hijo y se desarrolla, es decir se complejiza en recursos y alternativas de acción, sólo a partir del intercambio con otros y del acceso a objetos y materiales facilitadores de esta actividad. De este modo el niño aprenderá diferentes modos de jugar y distintos juegos.

La calidad y cantidad de esta experiencia social de juego se hará visible en la entrada en la escuela. Diversos autores (Carbonell, Meseguer, López, Valero, Huguet, 1996) (Ortega 1992), hacen hincapié en el concepto de aprender a jugar. Su experiencia en escuelas de España, les demostró que los niños que entran a la escuela inicial, suelen presentar pocas y repetidas actividades de juego. Las características de la vivienda, los modos de encuentro familiar, la cantidad de parientes, factores todos de alto impacto en el desenvolvimiento y desarrollo de la capacidad de juego, han variado notablemente.


Puntualizaré algunos de estos cambios:
§ Los padres trabajan muchas horas y al llegar están cansados para jugar
§ Las familias viven en departamentos que no ofrecen el espacio necesario para desplegar juegos espontáneos. El juego queda reducido a juegos de tablero, de encastre, que requieren poco espacio.
§ El imperativo del orden o la limpieza, deviene en un obstáculo para el desarrollo de muchos juegos, que comienzan con un tiempo de “caos”, tiempo característico de la preparación de la actividad lúdica, que al mismo tiempo es convocante de la capacidad de juego, y que es indispensable en el caso del juego simbólico.
§ Las familias no viven cerca de sus parientes y son menos numerosas, ésto implica que ya no se cuenta con un grupo de juego sólo armado por miembros de la familia, como era frecuente hasta hace unos años.
§ Baja disponibilidad de espacios públicos de juego (plazas, parques), y la imposibilidad de jugar en las veredas.

En sus trabajos consideran importante que el maestro, la escuela, ofrezca al niño alternativas de juego y alternativas para cada juego, proponiendo ideas, materiales, modelos. Este aporte resulta valioso para repensar acerca de la no directividad durante el juego. Las autoras sugieren la observación sistemática del juego espontáneo para poder evaluarlo y reconocer necesidades de intervención.

Al principio de este trabajo señalé que considero que la relación juego - escuela es amplia, pudiendo el juego manifestarse en la institución como:
1. Instrumento didáctico
2. Actividad espontánea
3. Técnica grupal


1. Juego como instrumento didáctico


Se trata de considerar al juego como posibilitador de aprendizaje y estrategia de enseñanza. Pensar al juego como instrumento didáctico, no es lo mismo que hablar de juego didáctico. En este último caso, el juego, en sí mismo, propone una serie de actividades que propiciarían aprendizajes. En el caso del juego como instrumento didáctico, se trata de reconocer al juego como otra modalidad de clase, planificada y coordinada por el maestro.

Es indispensable comenzar a analizar esta primera forma de presencia del juego en la escuela, desde los modelos pedagógicos, para poder entender desde un proyecto institucional la posibilidad de incluir el juego en la aula.

Presentaré esta reseña en forma de cuadro porque permite relacionar varios ítems al mismo tiempo. Quedará claro de este modo que cada modelo pedagógico incluye una definición de juego, generalmente implícita, acorde a su marco teórico.



Pedagogías:Clasificación Concepto de juego Teorías de Juego Concepto de hombre Corriente Pedagógica
Pedagogía sin juego Descarga, descanso, recuperación de energía Clásicas: Spencer, Shiller, Lazarus Organismo EnciclopedistaTradicional
Pedagogía a través del juego Factor del desarrollo intelectual Piaget, Vigotski Concepto niño, fundamentado por teorías acerca del desarrollo Pedagogía Activa, Perspectica constructivista
Pedagogía del juego Representante de trabajo psíquico Winnicott Sujeto del inconciente Psicologistas


Esta propuesta se ubica en las pedagogías a través del juego, que eligen modalidades de trabajo áulico, sustentadas en teorías acerca del desarrollo intelectual y psicológico. Se reconoce en el juego su valor fundamental en el desarrollo de la inteligencia, y sus ventajas en términos de motivación y participación por parte de los alumnos.

Considero que el juego como instrumento didáctico presenta ciertas ventajas específicas:
§ Promueve descentración cognitiva: los niños al participar en juegos colectivos deben establecer relaciones entre su propia posición en el juego (acción y reflexión) con respecto a las posiciones de cada uno de los otros jugadores, en relación a las reglas del juego y al objetivo del mismo.
§ Permite evaluar aprendizajes y detectar errores en la construcción del conocimiento, ya que se trabajan los contenidos en un modo de presentación y repaso diferente al que se utilizó para enseñarlos inicialmente.

El juego como instrumento didáctico determina características específicas en el ejercicio del rol docente. La intervención docente se da a través de un modelo de tutorización de la actividad y estimulación de los procesos cognoscitivos (Ortega, Lozano, 1996). Esta actitud se manifiesta a través de la observación, el estímulo afectivo hacia la actividad y en la intervención a partir de la manifestación o la posibilidad de conflicto cognitivo.

Los objetivos de esta modalidad de intervención son:

Ø Promover la descentración cognitiva, rescatando y estimulando nuevas relaciones para la resolución de problemas (distintas interpretaciones) durante el juego.
Ø Acompañar la reflexión posterior al juego: hablar de cómo se jugó y de sus consecuencias: qué se logró de una u otra manera. Esta reflexión enriquece y profundiza el proceso de abstracción de las acciones.

El incluir al juego como instrumento didáctico implica una preparación docente rigurosa en relación a los contenidos, “para poder ir rescatando lo que sucede” (Windler 2000, pág. 12). Sin esta preparación el maestro no logra reconocer el trabajo intelectual implícito, pocas veces puesto en palabras, mientras los alumnos juegan. Generalmente, los docentes, comprenden un tema a partir de un formato, y es desde ese mismo formato que lo enseñan. El trabajar contenidos curriculares a través de juegos, implica poder encontrar esos contenidos por fuera de formatos y procedimientos propios de la práctica de la enseñanza. Por otro lado, el detectar o promover conflicto cognitivo exige una actitud de análisis permanente a partir del seguimiento del juego.

Con relación a las consignas de trabajo, sabemos que siempre es fundamental enunciar claramente la propuesta y los objetivos, para que los alumnos puedan participar concientemente y con sentido de la actividad. En el caso de los juegos esta premisa adquiere mayor importancia. Caironi (2000) sostiene que hay que ser honesto y decir la verdad: “(...) hoy vamos a hacer un juego de roles que apunta a, o vamos a hacer un juego de palabras para (...)” (pág. 4).

Es pertinente el que esta autora rescate la idea de la honestidad en la consigna, ya que en muchas ocasiones los maestros, al dirigirse a los alumnos dicen: “Ahora vamos a jugar”, siendo esta frase disparador de malos entendidos y dificultades para la tarea de clase. Señalar en la consigna que un juego es para o apunta a, le hace saber al alumno que el juego propuesto es otro tipo de actividad de aula, con objetivos específicos.

Un punto importante, cuando hablamos del juego como instrumento didáctico, es diferenciarlo de la actividad presentada en forma de juego (Huguet, Bassedas, 1992). En este último caso, se trata de una actividad con un final único y establecido por el maestro como logro a alcanzar, pero que es “presentada” por el docente al grupo – clase, como un juego sólo para despertar interés. Ejemplo de este orden son los crucigramas, los laberintos, el completar palabras o textos, el unir con flechas. En el caso del juego como recurso didáctico, se trata de una actividad planificada pero no determinada en su desarrollo ni en su fin. Es decir, los alumnos irán jugando en función de sus propias posibilidades, conocimientos y aprendizajes fruto del conflicto cognitivo, y por otro lado quien resulte ganador o más exitoso en el juego, es sólo uno de los indicadores de manejo de contenido.

Con relación al tipo de juegos podemos decir, que los juegos de recorrido, por su formato, son juegos aplicables a todas las áreas, ya que en el lugar de las prendas se ubican preguntas sobre el tema a trabajar, con combinaciones más complejas en grados superiores. Para Matemática contamos con material diverso: cartas, juegos de tablero, juegos de recorrido, juegos en el patio. Las dramatizaciones, trabajadas a partir de cuentos escritos por los alumnos y también a partir de textos escritos por el docente que contengan las temáticas a trabajar en clase, permiten un abordaje integrador en el área de Lengua. En el área de Ciencias Sociales y en la temática de Educación Ambiental, los juegos de simulación resultan ser un aporte ireemplazable.


2. Juego como actividad espontánea


Esta manifestación de juego está presente en los recreos, espacio institucional que tradicionalmente no forma parte del proyecto institucional. Desde un análisis teórico, podemos decir que, en la gran mayoría de los casos, la fundamentación de la necesidad de los recreos, corresponde a las teorías clásicas (Lazarus, Schilder, Spencer), que reconocen al juego como una actividad que promueve la descarga y la recuperación de energía. Desde esta línea, el juego en el recreo permitiría un descanso del trabajo intelectual recuperando energía necesaria para continuarlo, o una descarga de la energía afectiva que obstaculiza el aprendizaje.

Considero al juego como actividad simbólica y desde esta perspectiva resulta importante la observación, seguimiento y a veces intervención en el juego del patio para facilitar lo simbólico, y superar la descarga.

Rosa Guitart (1996) afirma que “Los valores sociales se reflejan en los juegos infantiles; (mientras que) las actitudes individuales conforman una manera determinada de jugar” (pág. 25). El patio de la escuela abre un espacio de observación e investigación sobre el juego en los grupos y de cada uno de los alumnos. En el seguimiento que la escuela realiza sobre cada niño, se podría incluir un ítem sobre su juego en los recreos; y en las reuniones de padres podría incluirse la calidad y variedad de los juegos como indicador del desarrollo como tema para reflexionar.

Las problemáticas sociales y familiares, impactan en los niños, que a veces van quedando sin recursos internos para transformar ese impacto. La dificultad individual de integrar estos aspectos implica para la escuela nuevos fenómenos, algunos de ellos presentes en los recreos. Citaré sólo unas escenas:
· Grupos de chicos que se corren hasta cansarse
· Chicos que encierran a otros en un baño
· Desinterés en interactuar y participar en juegos
· Falta de alternativas en los juegos
· Violencia física


Frente a esta realidad es necesario pensar alternativas, no sólo en función del recreo, sino también porque este tipo de recreos influye en la calidad de trabajo en las aulas.Tomando las palabras de Víctor Pavía (1994), “ (...) la actividad de la escuela no se agota en el aula, sino que existen “otros fenómenos” que suceden en “otros espacios”. (pág. 97). Incluir al patio en la planificación anual, como modelo preventivo en relación a la convivencia y a la tarea educativa, implica también un cambio para el docente, que debe pasar de custodio del recreo, aquel que vigila que nadie se lastime, para convertirse en animador o facilitador de juegos que permitan la participación y el liderazgo democrático.

Otro elemento facilitador, es el que se refiere al diseño del espacio: es necesario que los alumnos cuenten con un espacio físico que habilite el juego en grupo y las alternativas de juego. Es habitual encontrar escuelas, cuyos patios presentan características (superficie, circulación) que determinan que sólo un grupo pueda jugar mientras que el resto de los alumnos en ese recreo deben sentarse o deambular como única actividad; a veces ni siquiera se trata de patios: los espacios destinados para los recreos son simplemente amplios balcones enjaulados.




3. Juego como técnica grupal


Este punto se refiere a las intervenciones a través del juego diseñadas para grupos escolares. Se presentan dos modalidades: intervenciones desde el gabinete psicopedagógico o los programas de intervención.

En el caso de las intervenciones diseñadas desde el gabinete psicopedagógico, surgen como respuesta a las dificultades de un grupo escolar específico, dando cuenta de un modo de entender y de accionar frente a las dificultades de un grupo en relación a su dinámica y la tarea escolar.

Los programas de juego son diseñados por fuera de una situación grupal específica, lo que los convierte en instrumentos factibles de aprovechar en instituciones diferentes, con las adaptaciones necesarias, como cualquier tipo de programa. El programa creado por Maite Garaigordobil Landazabal para niños entre 8 y 11 años, se propone como intervención dentro del marco de la escuela primaria. Este programa pretende potenciar el desarrollo integral de todos los niños, con la intención de integrar a aquellos que ya presentan dificultades en la interacción grupal.

En cualquiera de las dos modalidades, se trata de un trabajo en dos niveles: el de la prevención primaria y el de la prevención secundaria. Si nos ubicamos en estas dos dimensiones es necesario fundamentar al juego, a través de un marco conceptual amplio –subjetividad, inteligencia, grupo- que permita comprender diversas conductas de juego, evaluación fundamental para elegir el modo de intervenir, el tipo de juegos a ser propuestos y la duración del programa.

Para concluir, podemos afirmar que la promoción del juego en las escuelas es posible sólo a partir de una definición de juego pertinente, y dentro de un proyecto educativo institucional que incluya esta actividad. A partir del modelo pedagógico desde el cual se planifica el trabajo escolar, se podrá reconocer a cada una de las manifestaciones de juego explicadas, decidiendo cuáles serán promovidas y desarrolladas. Se trata de reconocer al juego en la cotidianeidad de las escuelas y también en los modelos pedagógicos, porque sólo desde esta integración de contextos de estudio y reflexión, cada institución escolar podrá definir su posición y su práctica, acerca de una temática aún poco desarrollada.


BIBLIOGRAFIA

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Garaigordobil Landazabal, M. (1995) Psicología para el desarrollo de la cooperación y de la creatividad. España. Biblioteca de Psicología Desclée de Brouwer.
Guitart, R.(1996). ¿A qué jugamos? Los valores en juego, en revista de innovación educativa Nro 52-53, julio – agosto. Barcelona. Grao.
Huguet, T, Bassedas, E. (1992). Jugar, crecer y aprender en la etapa de la educación infantil, en Revista Aula de innovación educativa, Nro 7, octubre 1992,. Barcelona. Grao.
Kamii, Constance, De Vries, R. (1985). Juegos colectivos en la primera enseñanza. Madrid. Aprendizaje Visor.
Ortega, r, Lozano, T. (1996). Espacios de juego y desarrollo de la autonomía y la identidad en la educación infantil, en revista de innovación educativa Nro 52-53, julio – agosto. Barcelona. Grao.
Pavía, V. y otros (1994). Juegos que vienen de antes. Buenos Aires. Humanitas.
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Trigo Aza, E (s/f). Juego y creatividad: el re-descubrimiento de lo lúdico. (Ficha internet).
Scheines, G. (1998): Juegos inocentes, juegos terribles. Argentina. Eudeba.
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Piaget, J., Inhelder, B. (1981) Psicología del niño. Madrid. Morata.
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Vigotski, L, S. (1988) El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. México. Grijalbo.


Lic. Gabriela Valiño
Editado en Revista Conceptos. (2000). Año 77. Nro 2. Boletín de la Universidad del Museo Social Argentino.